ECOS DE USUARIOS: “MI COLE”, POR JULIA LARRAURI

Apdema; Ecos de usuarios. Memoria del colegio por Julia Larrauri

Como decíamos el pasado mes de marzo, nadie somos ajenos al paso del tiempo. Y, al echar la vista atrás, algunos recuerdos quedan en el primer plano de nuestra memoria. Experiencias vividas que nos han marcado y que definen en gran medida cómo somos.

En el caso de Julia Larrauri, usuaria de APDEMA y habitual redactora de este boletín digital, la época escolar es una etapa de su vida de la que aún hoy sigue extrayendo lecciones de vida. Son “ aquellos maravillosos años” que ha querido compartir con todos nosotros.

MI COLE

A raíz de la muerte de la señorita Marta empecé a recordar cómo habían sido mis años en el cole, en el que ella fue directora. Mi cole fue uno muy especial, el primer colegio para personas con discapacidad intelectual de Vitoria y se llamaba “San José”.

Como hay que empezar por el principio lo primero que hice fue irme a la asociación donde estaba segura de que había fotos que Marta dejó tras su jubilación. Se me ocurrió el rendir un homenaje al profesorado. Que nunca les han dedicado el reconocimiento que yo creo que se merecen, ya que en algunas ocasiones lo pasaban muy mal por culpa de las travesuras de algunos/as compañeros/as que eran muy traviesos.

Mirando fotos se me ha ocurrido poner sus nombres y de algunos pondré el apellido, pero no sé el apellido de todos.

Cristina, que siempre le tocaban los más pequeños y por lo tanto tenía el apoyo de la señora Paula, que a la vez ejercía de portera. Cuando Marta se jubiló ejercía como directora sin dejar de ser profesora.

Después la clase siguiente es en la que estuve yo primero estuvo Esther. Estuvo poco tiempo ya que se casó y se fue a vivir a Canarias.

Entro Mari Carmen Verdugo. De lo que más me acuerdo es que la pobre mujer le entregaron un compañero muy especial y no podía con él, lo encerraba en el armario y luego le tocaba recoger todo pero por lo menos salía más tranquilo, y no es lo mismo contarlo que vivirlo, ya que era de risa porque cuando abría la puerta del armario le encontrabas con todo por el suelo.

Con el paso del tiempo a este chico lo mandaron a Madrid a un centro especial de Autismo. No le volví a ver hasta muchos años después y no se me ha borrado la cara tan preciosa que tiene, un cabello rubio, un poco de melenita y sus grandes ojos azules preciosos.

Lo pasé muy mal el día que Mª Carmen nos dicto el número 222, que no hubo manera de que lo escribiéramos ninguno. Nos lo tuvo que poner en la pizarra, fue uno de los peores momentos que pase en ese curso.

La clase siguiente era la de Victoria. Se pasaba la vida corriendo detrás de Paco que solo deseaba ir a los columpios y a cuyo padre le traía por la calle de la amargura, pero Victoria tenía una gran capacidad para hacer que regresara a las clases hasta la hora de comer.

Cuando se casó vino Elisa. Tengo que aclarar que esta persona con el paso del tiempo se puso de profesora de logopedia. A muchos de los compañeros les enseñó a pronunciar bien las palabras y ella de por sí al hablar pronunciaba perfectamente sobre todo las r. Le traían por la calle de la amargura ya que te lo hacía pronunciar bien 40 veces.

Todos aprendimos por cojones a pronunciarla requeté bien. Lo más cómico de todo fue lo de Paco ya que como lo tenía en clase, cuando se escapaba volvían haciendo la moto.

En la siguiente estaba Ana que es con la que más tiempo pasé y con la que celebrábamos los cumpleaños. Dibujaba de maravilla e hicimos todos los personajes que salían en unos chicles en las alfombras. Eran lo que primero se vendían en las exposiciones y nos hicieron muchos encargos. Ana para mí fue muy especial, todavía la quiero mucho y aunque llevo muchísimos años sin verla siempre está en mí corazón.

En la siguiente clase estaba Mª Ángeles que es con la que no me tocó estar pero ahora nos solemos encontrar mucho ya que vivimos por la misma zona. Sigue igual de guapa que cuando estuvo en clase, en los recreos me cogía por su cuenta y me hacía que le diera unos masajitos en el cuello ya que me decía que tenía unas manos buenas para ello y se peleaban las dos porque les diera esos masajitos.

Con madera y serrándolas hizo letras para enseñarles a poner los nombres de todas las cosas, incluido su propio nombre para todos los compañeros que tenían mucha dificultad. Ella nunca supo cuanto la querían mis compañeros. Cuando estas dos chicas se casaron se fueron a vivir una a Logroño y otra a Burgos y entraron Lupe y Mª Carmen Elejalde.

Lo que más me acuerdo de Lupe es el coche, que era un escarabajo. Todos los compañeros se subían a él y nos lo hacía lavar en verano los sábados por la mañana. También era muy meticulosa con el lenguaje. Yo la quise mucho y me lo pasaba muy bien con ella.

A Mª Carmen Elejalde yo creo que le ayudamos a vencer su propia timidez a base de tener que estar con compañeros bastantes difíciles, lograba muchas cosas con ellos.

A esta la voy a llamar Carmen García “la mayor”, porque las otras eran mucho más jóvenes. Sabía mucho del comportamiento de ciertos compañeros y era de gran ayuda para las que entraban nuevas. Luego se fue Elisa y la pusieron a ella de profesora de logopedia, cosa que no le hizo mucha gracia porque para ella, que tenía poca voz, era muy difícil y se cansaba muchísimo. A mí me tocó estar con ella muchos años.

Todos los finales de curso se hacían comedias, un año me toco hacer de madrastra de Blancanieves. Otro año la clase se mayores hicieron Ulises y el gigante que la preparo Carmen García que también tenía algún que otro compañero un tanto especial como el de las haches ya que el pobre se volvía loco con las palabras sin hache ya que él le ponía a todas no sabía qué hacer con él la pobre mujer y a todos nosotros nos daba unos ataques de risa tremendos, ya viendo que no lo hacía adrede si no que era esa su dificultad le mando a una clase especial que había.

Durante unos cuantos años estuvo Pilar, que nos enseñaba a cantar y junto con Carmen Mendiola, Estibaliz, y Lourdes eran las que se quedaban con nosotros a la hora de comer. Unos años después entraron Mª Luisa y Tere.

En la última etapa a las chicas nos tocaba estar con Toñi, que era la encargada de enseñarte a coser a mano y a máquina, hacer ganchillo, Alfombras de Telares cosa que le enseño Carmen Alberdi y también a ganchillo y otras cosas que no me acuerdo.

De lo que si me acuerdo es del buen ambiente que siempre teníamos y que casi siempre era donde las auxiliares venían con la excusa de ayudar a Toñi. Lo mejor de todo era cuando Lourdes y Mª Luisa se metían con Carmen Mendiola por que parecían las hijas y la madre.

Una de las muchas vivencias con la que nos partimos de risa fue cuando compraron unas semillas que tenían forma de patata. Cogieron un tiesto, le pusieron tierra hasta la mitad y pusieron la patata. Luego le echaron tierra por encima y la dejaron. Pasaron unos cuantos días y no salía nada y leían el papel que traía la patata y por el tiempo trascurrido ya tenía que haber salido por lo menos el tallo, pero ni tan siquiera eso. Ya muy mosqueadas todas, cogieron el tiesto, le quitaron la tierra y cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que ¡el tallo crecía para abajo en vez de para arriba! Nos dio tal ataque de risa a todas que salimos llorando.

Total que no me acuerdo de lo que paso después con la patata. Ahora, al contarlo, me doy cuenta de lo bien que lo pasábamos todas, tanto las profesoras como nosotras las alumnas.

Tengo que aclarar que Lourdes fue la que nos enseño a nadar a la gran mayoría de nosotros y hacíamos campeonatos con otras comunidades y ganábamos casi siempre.

A esta gran mujer yo le debo la vida, porque se tiraba a por mí cuando yo me cansaba de nadar y me paraba donde más cubría, empezaba a dar vueltas para ver si llegaba alguna cochera para agarrarme y descansar. Pero ella como me veía se tiraba, ya que sabía que era lo que me pasaba, me llevaba a la escalera y me dejaba para que descansara. Luego yo me duchaba y me iba a vestir, que me ayudaba Mª Jesús, que estuvo antes que las antes mencionadas y la recuerdo con mucho cariño, se fue muy pronto al cielo por alguna enfermedad.

A Lourdes la última vez que la vi seguía tan guapa y delgada como yo la recordaba, ya tendrá muchos años. Me pregunto ¿seguirá soltera o vivirá con alguien?

Ahora voy por los profesores: En la última etapa los chicos aprendían carpintería y otras cosas que no me acuerdo. Para ello estuvo Ángel, que era muy suyo, pero sabía cómo tratar a los compañeros. Les enseñaba cosas y de paso cuando se estropeaba algo lo arreglaba él y enseñaba a los compañeros como hacer los arreglos. Con el paso del tiempo se fue a vivir con Mª Luisa y ya llevan un montón de años juntos.

Luego estaba Jon que era al que Marta y las demás profesoras recurrían cuando se escapaban compañeros de clase. A parte de subirse a los cerezos y tenernos muchos ratos jugando a la banda atada, hicimos grandes exhibiciones de Gimnasia que nos valieron varios premios en los juegos Vasco Navarros.

Gracias al otro profesor, que fue Pelotari profesional y se llamaba Carlos Marañón, ganaron varios compañeros un montón de premios. Como Javier Mtz de Gamboa, Miguel Ángel o Pedro Mª Iñigez, hubo muchos más pero no me acuerdo.

Hubo un año que gracias a la gran paciencia y perseverancia de Jon, Carlos, Lourdes y Marta lograron que unos cuantos compañeros   hicieran la famosa pirámide humana y está en un cartel grande en las oficinas de la calle la Paloma, fue uno de los mayores logros conseguidos con personas con Discapacidad Intelectual de aquellos primeros años de lucha por ocupar un lugar en la sociedad.

Yo creo que muchos de nosotros/as si hemos llegado a ser lo que somos es en gran parte a este maravilloso profesorado, que sin el tipo de estudios ni preparación de hoy en día supo hacer cosas maravillosas con la gran mayoría de nosotros.

Me despido con muchísimos abrazos y besos para todas/os.                          

Aquí os pongo la foto de la gran Pirámide Humana que les costó todo un curso entero el que se mantuvieran los compañeros de la segunda fila.

Julia Larrauri

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